El todoterreno ligero de Toyota se caracteriza, principalmente, por su
buen comportamiento en carretera. Haciendo gala de una gran estabilidad
en todo momento y bajo cualquier circunstancia, el RAV4 brilla por su
agilidad y maniobrabilidad.
La suspensión es en gran medida la
responsable de ello. Es lo suficientemente absorbente para garantizar
la estabilidad pero también para mantener un grado de confort óptimo.No
da la sensación, como otros modelos similares, de que las inercias o
los balanceos de la carrocería afecten especialmente a su ritmo de
marcha en carreteras viradas, ya que la firmeza del tarado de los amortiguadores se encarga de contrarrestar este efecto.
Incluso
en entornos urbanos es sencillo de conducir y hacerse con él resulta
fácil, puesto que sus medidas son bastante contenidas. Además, la
posición de conducción y una visibilidad bastante buena contribuyen a
que aparcar, dar marcha atrás o zigzaguear por calles estrechas no
resulte un calvario.
La tierra, su segundo hábitat
Igualmente,
fuera del asfalto el RAV4 es capaz de reivindicarse como una
alternativa interesante ya que, a pesar de que no es tan efectivo como
un auténtico 4x4, su capacidad off-road está muy por encima de las
necesidades del usuario medio. Sorprende su capacidad de tracción en
subidas comprometidas y también el agarre de sus neumáticos mixtos
–pensados para un uso mayoritariamente asfáltico–.
Al volante
de este todocamino es posible realizar recorridos por campo y montaña
de dificultad media con toda seguridad y hasta afrontar zonas más
comprometidas si el conductor conoce bien el terreno y las técnicas
fundamentales del pilotaje 4x4.
Su altura libre al suelo es de
18,4 cm (no es uno de los mejores datos del segmento), mientras que sus
ángulos de ataque, ventral, y salida, son de 28º, 24º y 20º,
respectivamente. Con estas cotas, franquear obstáculos es factible,
sobretodo gracias a la inestimable ayuda que prestan los dispositivos
electrónicos de asistencia a la conducción. Pese a no disponer de
reductoras, el control de tracción es el encargado de simular los
bloqueos de los diferenciales delantero y trasero.
El motor 2.2
D4-D de 136 CV pasa por ser el más equilibrado de la gama, además, la
ventaja de los propulsores de gasóleo de Toyota es que resultan
bastante finos y suaves, dentro de las limitaciones del un diésel, y
ofrecen una progresividad muy notable, con aceleraciones contundentes
pero bastante lineales, sin grandes “tirones” en su capacidad de
empuje.
Espacio generoso y configurable
Por
lo que se refiere al habitáculo, el interior del RAV4 es muy espacioso
teniendo en cuenta sus dimensiones exteriores, de hecho ofrece unos de
los valores más generosos de su categoría. Para aumentar su
versatilidad, los asientos traseros se pueden desplazar
longitudinalmente y también permiten variar la inclinación de sus
respaldos, con lo que se adaptan a las preferencias de los pasajeros o
las necesidades de carga en cada momento.
De esta forma, el
volumen disponible en el maletero oscila entre los 450 y los 1.750
litros de capacidad. Otro de los aspectos destacables de este modelo es
su dotación de equipamiento; tanto en materia de seguridad como en lo
referido a confort y comunicación, la oferta de dispositivos de Toyota
es notable.