Movilidad y medio ambiente viven una relación contradictoria. El
aumento de la movilidad origina un crecimiento económico imprescindible
para el desarrollo de políticas medioambientales ambiciosas y efectivas. Sin embargo, también genera emisiones de gases de efecto invernadero y contaminación aérea.
Las previsiones mundiales de aumento del parque de vehículos obligan a
alcanzar un punto de convivencia. ¿Serán compatibles más coches y movilidad sostenible?
La Fundación RACC, a partir de los resultados en diversos estudios disponibles en www.fundacionracc.es,
valora positivamente el nuevo impuesto de matriculación que se enmarca
dentro de una estrategia más amplia de la Comisión Europea sobre la
movilidad sostenible, pero destaca algunas limitaciones:
• No desaparece el impuesto de matriculación, tal como había
propuesto la Comisión. Ello supone que España sigue siendo el único
gran productor de automóviles de Europa (los otros son Alemania,
Francia, Italia y Reino Unido) que mantiene esta figura impositiva.
• El nuevo impuesto de matriculación, aunque en su diseño depende de las emisiones de C02, no grava realmente el uso del vehículo, sino
únicamente su potencial efecto de emisiones. ¿Qué sucede, por ejemplo,
si un vehículo con altas emisiones de CO2 no se utiliza regularmente?
• Por ello, desde una perspectiva de largo plazo, sería más
razonable eliminar el impuesto de matriculación (e incluso el de
circulación) y sustituirlos por mayores gravámenes de los combustibles. Solo de esta forma se conseguiría plenamente el cumplimiento del principio de que quien contamina, paga.
• Hay que tener en cuenta también que la implantación del nuevo impuesto ha venido acompañada de la eliminación del Plan Prever, perdiendo así uno de los mayores incentivos para renovar el parque automovilístico y reducir las emisiones contaminantes.
• En cualquier caso, el cambio de fiscalidad es solo un primer paso
en la mejora del equilibrio entre movilidad y medio ambiente. Son necesarias medidas adicionales, vinculadas
al establecimiento por vía regulatoria de límites más estrictos en las
emisiones máximas permitidas a los vehículos, así como a la puesta en
marcha de incentivos que favorezcan la introducción de filtros de
partículas en los vehículos diésel.
• Finalmente, no hay que olvidar que el consumidor es quien decide y
que, por ello, es fundamental asegurar que este dispone de la
máxima información posible para que la compra de un vehículo sea, a la vez, un acto informado y responsable.